Es harto conocido el declive y degeneración genética que se produce como consecuencia de la endogamia, así lo atestigua la desaparición de numerosas tribus que pretendían preservar la pureza de su sociedad. No menos sabidos son los casos de algunas dinastías reales como los Habsburgo en España, cuyo colofón fue Carlos II “el hechizado” con un índice de consanguinidad igual al que se produce entre padres e hijos o hermanos. Les recomiendo que busquen la imagen del retrato que le pintara Juan Carreño de Miranda en 1686 y saquen sus propias conclusiones.

Uno de los grandes retos de las empresas en un futuro muy inmediato será la gestión de la diversidad, ya sea cultural, de género o relativa a la convivencia de varias generaciones bajo el paraguas de un mismo proyecto empresarial. Y esto es, sin duda, una gran noticia para la salud y fortaleza de nuestras organizaciones, pues como vimos más arriba, la práctica de la endogamia (incluyo el pensamiento único) es un método seguro para hipotecar el futuro de cualquier institución.

Es un hecho cada día más palpable que estamos en los albores de una guerra por el talento, pues ante la evidencia de la escasez del mismo, las empresas no sólo deberán esforzarse de verdad por atraer a las personas altamente capacitadas, sino especialmente tendrán que buscar estrategias para fidelizar ese talento ansiado. Nadie se puede permitir, en este contexto, despreciar caladeros donde reclutar personas con buena actitud, habilidades y conocimiento.

¿Cómo hemos llegado a este punto?
Los cambios demográficos que se han producido en las últimas décadas han modificado sustancialmente la clásica pirámide de edades, pues al envejecimiento de la población (mejora de las condiciones de vida, alimentación más variada o avances de la medicina) debemos añadir el descenso alarmante de la natalidad (relacionado con la ausencia de incentivos y ayudas para conciliar efectivamente la crianza de hijos y el desarrollo de la carrera profesional). Por otra parte, hemos vivido olas migratorias excepcionales que han reconfigurado nuestra sociedad en muchos aspectos. Téngase en cuenta que en España, en 1981, la población extranjera representaba un 0,5%, mientras que en 2017 alcanzó el 9,8%, incluso a pesar de la crisis económica de los últimos años.

Diversidad de género
Uno de los signos de los tiempos es la “revolución feminista”, y no se trata de un fenómeno local, sino mundial. Es imparable el avance hacia políticas que promuevan y garanticen la igualdad entre hombres y mujeres. Las empresas deberán eliminar dos brechas que, a estas alturas de la historia, abochornan: la primera es la salarial (según datos de la OIT las mujeres cobran un 20% menos por el mismo trabajo). La segunda brecha es lo que se conoce como “techo de cristal”, es decir, la bajísima representatividad de las mujeres en los órganos de dirección de empresas, instituciones o puestos de alta responsabilidad. En ambos casos, nuestra sociedad se encamina inexorable y afortunadamente hacia la igualdad de oportunidades.

Diversidad generacional
Otra característica del momento actual es la convivencia de cuatro generaciones: los Baby Boomers (mayores de 54 años), la generación X (entre 38 y 53 años), los Millennials (entre 24 y 37 años) y la Generación Z (menores de 23 años). La cuadratura del círculo será construir culturas organizativas que sumen y aprovechen los valores de cada una de las generaciones. Figuras como el mentoring o la tutoría inversa (el más joven también tiene mucho que enseñar al veterano) se vislumbran como absolutamente críticas para la gestión de personas.

Diversidad cultural
El talento no entiende de etnias, lenguas o colores de piel. La exogamia organizacional asegura la buena salud de las empresas, siempre y cuando sepamos gestionar las diferencias culturales como una fuente de riqueza para la empresa. Vivimos en un mundo globalizado, multicultural, donde el pensamiento único es una rémora del pasado y un predictor del fracaso de cualquier proyecto. Como acertadamente aseveró Mijail Aleksandrovich Bakunin, “la uniformidad es la muerte; la diversidad es la vida.”

 

Inicialmente publicado en la versión en papel del Diari de Tarragona